AryBlog

Espacio para las falacias que rondan, cual zopilotes hambrientos, por mi intelecto

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Mexicano, profesionista itinerante, viajero curioso que gusta de conocer un poco más de los lugares donde le toca andar, enriqueciendo su cosmovisión y compartiendo su devenir a través de esta página, ya que en realidad nunca se deja de aprender.

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Friki de rancio abolengo, lector frecuente, fotógrafo aficionado, librepensador, escéptico, gadgetero, cuasi vampiro que no suelta sus gafas de sol, ávido de encontrar experiencias singulares

A 20 Años del Terremoto

Durante mi adolescencia un tema recurrente de conversación surgía de la pregunta - ¿A tí dónde te agarró el terremoto? - pues la gente de mi edad, si bien aún era chica, alrededor de los 10 años guarda bien las memorias. En este caso aquellas correspondientes a las 7:19 horas de la mañana del 19 de septiembre de 1985, cuando la Ciudad de México fue sacudida por un terremoto, del orden si mal no recuerdo de 8.1 grados Richter.

En mi caso, la respuesta era que estaba en el asiento trasero del LeBarón mod 80 de mi madre, siendo llevado a la escuela. Ibamos circulando por la Avenida de los Insurgentes a la altura del Hotel de México, gigantesco edificio que ahora es el WTC (si, nosotros aún tenemos). Mi mamá comentó - Que extraño, siento como que se me jalonea el coche - lo cual era extraño tratándose de esos pesados autos americanos de motor V8. Su comentario me distrajo de ver bailar las gigantescas palmeras que rodeaban el Hotel de México, según yo mecidas por el viento, pero ¿viento fuerte a las 7 de la mañana?. Huelga decir que al hotel no le pasó nada.

Llegué pues al Instituto México Primaria, ubicado en la colonia del Valle, sin enterarme de nada, donde bajé como cualquier día normal. De repente platicando con los compañeros me enteré que había temblado fuerte y se rumoraba que "habían caido edificios". Siempre fui un niño incrédulo así que no di mayor importancia a los rumores, hasta que pasada un par de horas de clase nos avisaron que las clases se suspendían y que nuestros padres pasarían por nosotros. Cuando subí nuevamente al LeBaron pregunte a mi madre, quien me dijo que era verdad, lo que se confirmaba con las noticias que emanaban de la radio. Ella no es de escuchar noticias, pero todas las estaciones suprimieron su programación ante la magnitud de la emergencia.

Ya en casa en la colonia Nápoles, ilesa también, me enteré de la gravedad del desastre y es que la verdad, como niño, estaba siendo sobreprotegido, a diferencia de otros muchos que vivieron en carne propia el desastre o no vivieron para contarlo. Muchos edificios, la mayoría recientes, en colonias aledañas al centro de la ciudad, se derrumbaron por completo, incluso muchos de modernos complejos habitacionales como Tlatelolco, del que hablé en otra entrada, o el Multifamiliar Juárez. Escuelas y hospitales también cayeron. De hecho mi padre, que es médico, tenía turno en el Hospital General los lunes, miércoles y viernes. El hecho de que temblase en jueves me salvó de la orfandad, pues del hospital no quedo piedra sobre piedra.

En ese momento salió a relucir un valor insospechado, la solidaridad del pueblo mexicano. Multitudes de voluntarios, miles de personas unidas por la tragedia, decidieron echar manos a la obra y juntos remover escombros, rescatar a sobrevivientes quitando toneladas de concreto a veces sin mayor herramienta que sus propias manos, sin tregua, sin descanso, sin parar. La destrucción, el hambre, el frío, el sueño y la omnipresencia de la desolación y muerte no fueron obstáculo para ellos, en conjunto con la policía y el ejército (demostrado está que estas fuerzas armadas sirven en tiempos de paz) La ayuda internacional no se hizo esperar, es por eso que es una deuda de gratitud de México con el mundo el hecho de mandar ayuda en caso de catástrofes.

Todavía tres años después un compañero, que vivía en Pontevedra y vino a vivir a México, me confesó que creyó que no iba a encontrar nada pues según las noticias la ciudad estaba totalmente destruida. Afortunadamente no fue así, pues lo que se cayó pronto con el esfuerzo de todos fue limpiado, reparado y reconstuido. Y el entonces presidente, Miguel de la Madrid, decía México sigue en pie. Tan es así que pudo el país albergar la Copa del Mundo al año siguiente.

Hoy en día la urbe está reconstruida, sigue temblando a veces, es normal, y los edificios ahora se construyen bajo las más estrictas normas. Me atrevo a decir que el reglamento de construcciones del Distrito Federal es el más riguroso del mundo. Eso no significa que todo lo construido anteriormente esté mal, de hecho la Torre Latinoamericana, entonces el edificio más alto de hispanoamérica, sólo sufrió la rotura de 10 ventanas. Cuando fueron con el Arquitecto (o Ingeniero civil) que la había construido le preguntaron con incredulidad que por qué se habían roto diez cristales (cuando la pregunta realmente era "por qué sólo se habían roto diez cristales"), y la respuesta fue sublime:

- "Esta torre fue diseñada para soportar un sismo de hasta 8.0 grados, no de 8.1" -.


Vicisitudes de esta ciudad. ¿Y a tí dónde te agarró el terremoto?

4 comentarios:

  1. paco dijo...
     

    pues a mi me agarro en plena clase de matematicas en la vocacional 4, ubicada en la region poniente de la ciudad de México, cuando al estar escribiendo en mi cuaderno senti que me movian el asiento, enojado, me volvi para reclamarle al compañero de atras, pero me quede mudo cuando vi su mirada de asombro, estaba viendo como el monitor de TV del salon se balanceaba como badajo de campana.

    ese fue el comienzo de uno de los viajes mas largos que me ha tocado hacer, tuve la oportunidad de recorrer gran parte de las zonas mas afectadas, ya que al suspenderse el servicio de transporte no tuvimos mas remedio que llegar a nuestras casas caminando, en mi caso por la Av. Chapultepec, donde vi como se habian derrumbado varios edificios, en la glorieta de Insurgentes el gigantesco anuncio de la Coca Cola colgaba de un soporte, en la zona Rosa los cristales de los edificios modernos yacian rotos en las banquetas, el olor a gas se esparcia por la ciudad y al llegar al eje central, incredulo, vi como la torre Latinoamericana ya no conservaba la vertical y el ejercito comenzaba a acordonar el centro de la ciudad.

    y la gente, los defeños que como yo avanzabamos por la ciudad destrozada intentando llegar a nuestras casas, con la mente que se negaba a aceptar lo que los ojos le mostraban y observando como esa misma gente salia de su estupefaccion y empezaba a organizar deseperadas maniobras para rescatar a los que se habian quedado atrapados bajo los escombros.

    eso es lo que recuerdo de ese dia, cuando me agarro el terremoto, sin imaginarme la magnitud de lo habia sucedido.

  2. Anónimo dijo...
     

    Yo el terremoto lo presencié en la secundaria técnica #14, por Angel Urraza y Av. Coyoacán, Col. Del Valle. No hubo daños. Estos días me he estado informando mucho acerca del suceso, hasta ahora sé que lastimosamente 20 mil personas perdieron la vida, y en esa época siento como que taparon las cosas y que posteriormente yo no le dí la importancia debida. Ojalá puidiéramos hacer un portal con base de datos acerca de los desaparecidos durante el seísmo, así como se ha hecho con diversos sucesos, como los maremotos de Asia, los huracanes, In Memorian.

    epicous

  3. Aryxael dijo...
     

    Una vez mas queda demostrado que aunque el ser humano se sienta dueño de la creación, está a merced de la naturaleza. Pero ojalá hayamos aprendido la lección.

  4. Al dijo...
     

    Pues yo lo viví muy light, El temblor me tocó desayunando y fuera de el sonar de los colgajos no hubo mayor argüende, llegué a la escuela y tuve clases normales, ya que tanto mi primaria como mi casa se encontraban en el oriente y todo lo que vi fue una palmera caida de camino a la escuela. Afortunadmente esa parte de la ciudad (iztapalapa e iztacalco) no tuvo mayores daños. Claro luego ver por TV las imágenes y ver algunos restos de edificios fue impresionante.

    Ahora, ¿aprendimos? pues preguntale al Peje con su segundo piso que no cumple con las normas de sismo de la ciudad. Dios no lo quiera, pero cuando venga otro así no quiero ir circulando cerca de ahi.

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